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Los tres niños pastores informaron haber visto a un ángel que se presentó como el ángel de la guarda de Portugal y luego aparecio María. María reveló tres secretos a los niños: primero, la realidad del infierno y las formas de salvar a las personas a través de sacrificios personales y actos de reparación; segundo, la predicción de futuros trastornos (comenzando con la Segunda Guerra Mundial), los medios espirituales para ponerles fin (consagración de Rusia y la Comunión de Reparación los primeros sábados) y la predicción del «triunfo final del Inmaculado Corazón de María» ; tercero, una vaga visión de la futura persecución de la Iglesia. El clímax de las apariciones fue el Milagro del Sol, un fenómeno astronómico presenciado por una multitud de unas 70.000 personas e incluso otras a muchas millas de distancia. Los nueve papas de las apariciones Benedicto XV, Pío XI, Pío XII, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco han expresado su fe en la autenticidad de las apariciones. El Papa Juan Pablo II le dio crédito a Nuestra Señora de Fátima por salvarle la vida después de que le dispararan en Roma el 13 de mayo, la Fiesta de las Apariciones en 1981, y donó la bala que lo hirió al Santuario de Nuestra Señora de Fátima. En 1925, ocho años después de los eventos de Fátima, Lúcia, entonces la Hermana Lucía, informó sobre otro conjunto de apariciones relacionadas que se conocieron como las apariciones de Pontevedra. Las apariciones fueron aprobadas el 13 de octubre de 1930.

Manifestaciones de 1915
En 1915, en lo alto del Monte do Cabeço, Lucía y tres de sus compañeras – Teresa Matias, su hermana Maria Rosa y María Justino – presenciaron manifestaciones así descritas en las Memorias de la vidente:
Habíamos empezado mal (rezando el rosario) cuando, delante de nuestros ojos, vemos, como suspendida en el aire, sobre la arboleda, una figura como si fuese una estatua de nieve que los rayos de sol convertían en algo transparente.
– ¿Qué es aquello? – Perguntaron mis compañeras, medias asustadas.
– ¡No sé!
Continuamos nuestro rezo, siempre con los ojos fijos en dicha figura que, en cuanto terminamos, desapareció.

Apariciones del Ángel en el año 1916

Primera aparición del Ángel
Lugar: Loca do Cabeço, Pregonero en los Valinhos
Fecha: Primavera de 1916

– ¡No temáis! Soy en Ángel de la Paz. Orad conmigo.
Y arrodillándose en la tierra, dobló la frente hasta el suelo. Llevados por un movimiento sobrenatural, lo imitamos y repetimos las palabras que le oíamos pronunciar:
– Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan y no te aman.
Después de repetir esto tres veces, se levanta y dice:
– Orad así. Los corazones de Jesús y María están atentos a la voz de vuestras súplicas

Segunda aparición del Ángel
Lugar: Quintal de la casa de Lucía, al lado del Pozo do Arneiro
Fecha: Verano de 1916

– ¿Qué hacéis? ¡Orad! ¡Orad mucho! Los corazones de Jesús y María tiene sobre vosotros designios de misericordia. Ofreced constantemente al Altísimo oraciones y sacrificios.
– ¿Cómo nos tenemos que sacrificar? – pregunté.
– De todo lo que puedas, ofrece un sacrificio en acto de reparación por los pecados con que Él es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores. Atrae, así, la paz sobre tu Patria. Yo soy el Ángel de su guarda, el Ángel de Portugal. Sobre todo aceptad y soportad con sumisión el sufrimiento que el Señor os envía.

Tercera aparición del Ángel
Lugar: Loca do Cabeço
Fecha: Otoño de 1916

[…] trayendo en la mano un caliz y sobre el una Hostia, de la cual cayeron, dentro del cáliz, algunas gotas de sangre. Dejando el cáliz y la Hostia suspendidos en el aire, se postró por tierra y repitió tres veces la oración:
– Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, yo te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de nuestro Señor Jesucristo, presente en todos los Sagrarios del mundo, en reparación de los ultrajes con los que El es ofendido. Por los méritos infinitos del Sagrado Corazón de Jesús y del Inmaculado Corazón de María, te pido la conversión de los pecadores.
Después, levantándose, tomó de nuevo el cáliz y la Hostia y me dio la Hostia a mi y lo que contenía el cáliz se lo dió a beber a Jacinta y a Francisco, diciendo al mismo tiempo:
– Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crimenes y consolad a vuestro Dios.
De nuevo se postró por tierra y repetió con nosotros tres veces más la misma oración:
– Santísima Trinidad…

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